¿Soy la única que no perdona un buen plato de cuchara ni aunque los termómetros empiecen a subir? En casa somos muy de guisos, y aunque mi hijo (que ya sabéis que es el vegetariano de la familia) a veces me mira con cara de "¿en serio, mamá, un plato humeante ahora?", al final nunca deja ni las migas en el plato. ¡Le toca soplar un rato o armarse de paciencia y esperar a que se enfríe un poco!
Para los días que queremos comer bien pero sin pasarnos horas sudando la gota gorda en la cocina, esta receta es un salvavidas. Además, como es un plato 100% vegetal, a él le cuadra perfecto en su menú, y a mí me viene de lujo para mantener a raya el consumo de carne. Al usar garbanzos de bote ya cocidos, lo tenemos listo en un pispás.
¡Poneos el delantal que empezamos!
🛒 ¿Qué necesitamos? (para 2 personas)
400 g de garbanzos cocidos (de bote, bien lavados y escurridos bajo el grifo)
2 patatas medianas (peladas y chascadas)
300 g de corazones de alcachofa (frescas, congeladas o de bote, ¡lo que tengáis a mano!)
1 cebolla (picadita muy fina)
2 dientes de ajo (bien picados)
1 cucharadita de pimentón dulce de la Vera
750 ml de caldo de verduras (o agua, si no tenéis)
Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE)
Sal y pimienta negra al gusto
👩🍳 Elaboración en un pispás:
La base de todo buen guiso: En una cazuela amplia, ponemos un buen chorrito de AOVE y sofreímos la cebolla y los ajos a fuego medio. Queremos que queden transparentes y doraditos, sin prisas.
El toque mágico: Cuando el sofrito esté, apartamos la cazuela del fuego un segundito. Añadimos el pimentón y removemos rápido. Ojo aquí, que no se queme o amargará. ¡Esto le da a la base un color y un sabor impresionantes!
Patatas y alcachofas a la olla: Volvemos al fuego. Echamos las patatas "chascadas" (ya sabéis, metemos el cuchillo y rompemos el final para que suelten el almidón y el caldito quede más espeso) y las alcachofas. Les damos unas vueltas para que se mezclen con el sofrito.
Haciendo chup-chup: Cubrimos todo con el caldo de verduras. Subimos el fuego para que rompa a hervir y, después, lo bajamos a fuego medio. Lo tapamos y lo dejamos a lo suyo unos 15 o 20 minutos, hasta que pinchéis la patata y esté tierna.
El toque final: En los últimos 5 minutillos, volcamos los garbanzos cocidos en la olla. Así les da tiempo a integrarse y coger todo el sabor del caldo, pero sin deshacerse. Probamos de sal y pimienta por si hay que rectificar... ¡y listo!
De verdad, es de esos platos que te resuelven el mediodía de maravilla y que, si sobran, al día siguiente están todavía más ricos porque los sabores se asientan.
Y vosotras, ¿qué hacéis con los vuestros cuando se niegan a la cuchara por los calores? ¿Tenéis algún truco para que coman legumbres sin protestar en verano? ¡Contádmelo en los comentarios, que siempre saco buenas ideas de leeros!





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